5.6.13

220.

E invertir toda su energía en rodear todo su cuerpo con sus brazos. No podía hacer otra cosa que sujetarse a su torso. No tenía más fuerzas.

La impotencia se difuminaba convertida en llanto y el miedo se trasladaba de un cuerpo a otro. Era visible. No era ni tan siquiera felicidad, ni tan siquiera era alivio. Tan solo se limitaba a invertir su energía en un abrazo combinado con lágrimas.

La estampa no era alegre, ni bonita, ni romántica, ni reconfortante. Era, literalmente, una estampa. A secas. Era un rebumbio de gritos, de desolación, de angustia y de horror. Era visible y era dolor.

Era un caos y, en medio de ese caos, tan solo era un abrazo.


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