21.10.13

224.

Una vez leí que crecer era “aprender a despedirse, aprender a decir adiós”. Adiós a lugares, a cosas y, lo que yo considero más complicado, a personas. Leí que a base de despedidas uno se hacía mayor, maduraba y se enfrentaba, cada vez con más fuerza, a la vida.

<<...el día que te das cuenta de que crecer va a significar despedirse de personas, situaciones, emociones, memorias, ilusiones e incluso amigos que se supone iban a ser para toda la vida. El día que ves que crecer significa conocer cada día más gente que ya murió. El día que te das cuenta de que hoy te despides mejor que hace un año. Que ya no te sorprende que la gente desaparezca de tu vida. Ese día estás aprendiendo a decir adiós, ese día estás creciendo...>>

Tengo que admitir que era un texto corto que por sí solo conformaba el capítulo número quince de un libro de treinta y seis, mas pese a todo, parecía independiente a su contexto. En el momento, recuerdo que detuve el movimiento ocular izquierda-derecha y dejé de leer por unos días

-¿Por qué?
-No sabía si lo siguiente me haría pensar tanto como aquella página. Tal vez fuese mejor dar por acabada allí la lectura. Despedirse del tomo y crecer con aquella lección.

Un año o tal vez varios después, -mi memoria me impide fechar concretamente este momento-, hoy, ahora mismo, justo antes de gastar el tiempo que he tardado en escribir estas líneas, he reabierto ciertos documentos que creía tener olvidados y la frase con la que comencé este texto ha venido a mi como un rayo: “crecer es aprender a decir adiós”. Hoy, ahora mismo, justo ahora, se que he crecido en varios meses más que en todos los años -tampoco son tantos, a decir verdad- que figuran en mi documento de identidad pero, si tengo que hablar con la conciencia tranquila, ha sido un crecimiento obligado. Ha sido un tratamiento para el “estirón definitivo de los huesos” que ciertas personas me han recetado sin saber de medicina.

A todos vosotros, en especial a ti, os/te digo esto:

Espero que, pese a lo que pase por tu cabeza, sepas que de mi boca jamás salió un adiós hacia ti. Tal vez algún día lo haga, no lo sé, pero necesito hacerte llegar que si te miro por la calle cada vez que nos cruzamos no es para “aprender a crecer” sino que aun sigue siendo para empezar una conversación estúpida con un “hola”. Por favor, no sigas apartando la cara.

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