31.10.10

21.

Faltaba poco para que se diera cuenta de que todo lo que había hecho, a lo largo del día, solo respondía al básico esquema de: causa-efecto.
Había salido tarde del trabajo y por eso, al llegar, ya nadie estaba en casa.
Con la prisa, las llaves del portal las olvidara sobre la mesa, con lo cual, tuvo que bajar del coche para abrir el garaje.
Gracias a su mentalidad juvenil, había salido de casa sin paraguas y sin botas así que, en el primer charco, la humedad le llegó hasta la garganta.
Le faltaba ya nada para saber que la nota que encontraría sobre el marmol de la entrada también le traería una consecuencia.
"Llueve, te espero en la piedra de la playa"

29.10.10

20.

Se levanta. Las nueve y cuarto otra vez pero otro día diferente. Día diferente temporalmente claro, porque el tiempo, en lo que a clima se refiere, seguía igual. Un sol expléndido era el culpable, una mañana más, de hacer que le molestara la claridad y que tuviese que forzar los ojos, apretándolos con fuerza y haciéndole acordarse de que todas aquellas patas de gallo que le rodeaban el filo del fin de sus azules ojos eran devidas a ese esfuerzo matinal. Empujó las sábanas con su, ya no muy fuerte, brazo izquierdo y poco a poco se dobló sobre si mismo para poder levantarse, poco a poco, mientras los rayos del sol ya no incidían sobre sus ojos sino sobre su cuerpo. Sobre aquel elástico medio desgastado de tiras anchas. Blanco. Blancuzco. Ya casi amarillento. Así, sentado en un borde del nuevo colchón de muelles, echó su brazo hacia el suelo y agarró a su actual compañero. Fiel. Incondicional. En ese momento la alarma de la radio, que su nieto hace tiempo le pusiera, suena. Otra vez el le ha ganado. Una relajante canción, en algún idioma que el no habla, suena. Se agarra a su amigo, mirando a la radio con aires de superioridad, y, poco a poco, se acerca a la ventana. Cinco pasos. No hay más desde borde de la cama hasta los ventanales. Esta vez es su mano derecha la que tira hacia delante. Horizontalmente. Roza con su dedo corazón el borde de las cortinas, las corre hacia cualquier lado y con un pequeño juego de muñeca, ya muy practicado, gira la manilla que hace abrir la ventana. Dejando que aquel frío viento, de la mañana del tres de enero, le bata en la cara. Y así, con esa mezcla de frío del viento y calor del sol, a cinco pasos de su cama, acaricia el borde de su amigo mientras en su cara se dibuja una pequeña mueca que parece imitar una antigua sonrisa. El bastón. Siete horas y treinta minutos era lo que tendría el en ese instante hace ochenta y dos años y, aun así, con tanto paso de tiempo, de horas, de clima, de pasos, de mañanas, de arrugas, de sabanas... seguía igual.

27.10.10

19.

"Pensé que te vería mañana en el baile..."

Fue lo último que te dijo según me contó. A partir de aquella noche no os volvisteis a ver y el te esperó. Pese a que tu no dijiste si irías o no, el esperó que aparecieras por la puerta hasta que esta se cerró. La gente se dispersó, hizo otros planes y el siguió en una esquina del baile, esperándote.
Todos saben que no fuiste pero nadie sabe el motivo.

Hubo silencio. Luego este se quebró con su respuesta: "Nadie me habia invitado"

26.10.10

18.

Escuchó a la hora de la comida, entre tenedores y vasos, que ya era hora de que lo olvidarán, de enterrar el pasado, y lo tomó al pie de la letra. Pese a su corta edad, Marcos ya sabía mucho más que las personas, mucho más que las pesadillas. Bien cierto es que tardó casi media tarde rebuscando en el fallado, entre cajas y fotografías, hasta dar con todo lo necesario.
Un retal de tela, a poder ser manchado y de color granate. Un cuaderno sin unas cuantas hojas cuadriculadas. Cualquiera juguete con colores rechamantes y lo tenía ya todo.
Esa noche, la de navidad, su abuelo recordó la imagen de su mujer cada vez que hacía de comer con aquel viejo y sucio mandil de color rojizo. Su tía sonrió al ver la nota de aquel cuaderno "puedes volver a empezar de nuevo con la medicina" y sus padres se alegraron de haberlo tenido como hijo, en aquella viva imagen llena de colores.
Marcos, pese a su corta edad, sabía mucho sobre las personas y sus pesadillas. Sabía que el pasado, a veces, debe permanecer desenterrado para recordarnos que aún quedan cosas sobre la superficie.

23.10.10

17.

Y entonces salió el.. de una ínfima sombra de aquella vieja esquina.
El lugar que lo rodeaba no le gustaba para nada, se sentía confuso, triste, agobiado, incomprendido y ofuscado, pero salió de allí, con las manos posadas sobre las pequeñas teclas doradas... y, aunque sentía que no tenía fuerzas para más, sopló y volvió a soplar, haciendo que su música se escuchara más allá del lugar del que deseaba partir.
¿Lo que no sabía? que así como el lobo soplando tiró con las casitas, el también, poco a poco, soplando, fue haciendo que la gente que lo escuchaba sonriera, pese a que cabía la posibilidad de que fuera su último soplo, su última canción.

21.10.10

16.

Y más que levantarme y verte a mi lado con una sonrisa pintada en la cara del color más bonito que podía haber sobre esa piel color arena, me gustó que inconscientemente dijeras mi nombre. Me gustó que incluso dormido me tuvieses en mente. Solo pude acercarme a ti y entonces volviste a decirlo. Me acerqué un poco más y no lo repetiste más veces pero si suspiraste. Creo que por eso, es por lo que cada mañana me ganas un poco más. No haciendo nada, lo estás consiguiendo todo. Eso, eso es lo que me gusta de ti.

16.10.10

15.

- ¿Sabes de que me acordé, el otro día, al salir del piso?
- No, dime, ¿de que?
- De cuando acabábamos hablando de cosas extrañas y convirtiendo nuestras conversaciones en diálogos filosóficos.- Se rió un rato y continúo- Cuan niños eramos eh...
- Hombre... yo tenia ya mis veinte y tu eras novata en lo de la mayoría de edad.
- Si, pero sabes que aun así yo me consideraba más madura que tu. De echo, me lo sigo considerando.
Tras fruncir algo el ceño, el preguntó.
- ¿De veras aun piensas que sigo siendo así? ¿Que pase lo que pase la única que actuaria correctamente serias tu?
- No, yo dije que me consideraba más madura, pero ahora ya no actúo conforme a lo correcto sino a las apetencias momentáneas. Y si, ya ves... me costo cosa de tres años entender la frase que repetías siempre en mi portal.
El silencio se apoderó del contexto durante unos ínfimos segundos para ser roto al unisono por ambas voces.
- "Tienes que dejar de pensarlo todo, haz solo lo que te salga en el momento"
- Y por cierto, si, creo que si. Que sigues y seguirás siempre siendo así. A ti lo de madurar no te gusta, no te pega. A mi no me gusta el color naranja, ni el chocolate y a ti... no te gusta madurar.

14.10.10

14.

Lo hacíamos en la terraza de mi casa, en tu garaje y en tu fallado. Casi siempre en la cabaña del roble y al pasar los arboles del lado del río. Lo hacíamos, a veces, antes de clase y siempre al salir. Nos gustaba hacerlo antes de merendar e incluso después del yogur y la fruta. Lo hacíamos en el coche de tu padre y de camino a casa de mi abuela. En el puente pequeño, en el lavadero, en la cuesta de enfrente de mi casa y en todas las fiestas. En los sitios mas insospechados, en publico o en privado, delante de nuestros amigos o familiares. Nos encantaba cogernos de la mano.